Bernadette Chirac, ex primera dama de Francia, falleció anoche a los 93 años, tras una vida dedicada a acompañar a su esposo, el expresidente conservador Jacques Chirac. El anuncio fue hecho por Claude, su hija y única sobreviviente de la familia, quien declaró: “Bernadette falleció en paz esta noche, rodeada de su familia. Acababa de cumplir 93 años”.
Proveniente de una familia aristocrática y exalumna de Ciencias Políticas junto a Jacques Chirac, Bernadette fue una política y hábil negociadora que formó una pareja inseparable con el expresidente. A lo largo de su vida, fue una figura clave tanto en lo personal como en lo político, enfrentando momentos difíciles pero siempre mostrando un profundo amor hacia su marido.
En 1997, tras la muerte de la princesa Diana, se reveló que Jacques Chirac no se encontraba en el Palacio del Elíseo, sino acompañado por Bernadette y Claudia Cardinale, su antigua amante. Este episodio fue parte de la compleja vida privada de la pareja.
El presidente Emmanuel Macron abrió un libro de condolencias y anunció que se celebrará un homenaje este mediodía frente al Palacio del Elíseo. Macron recordó a Bernadette como una “gran dama con un corazón de oro”, cuyo compromiso dejó una marca indeleble en la región de Corrèze, donde fue funcionaria electa, y en millones de pacientes anónimos, especialmente por su labor como directora de la Fundación Hospitales de París – Hospitales de Francia.
Bernadette Chirac, además de su rol como primera dama, ejerció la política en Corrèze, donde vivía en un castillo que hoy se encuentra algo descuidado. También residía en un departamento frente al río Sena, prestado por el ex primer ministro libanés Rafic Hariri. Fue una mujer directa y fría en ocasiones, con un carácter glacial y distinguido, capaz de vetar ministros y controlar los riesgos políticos que pudieran afectar a su esposo. Su humor sutilmente mordaz y su timidez audaz la distinguieron en la alta sociedad francesa.
Tras la elección de Jacques Chirac en 1995, Bernadette reconoció que en los inicios de la vida pública de su marido se la consideraba fría y poco sociable, en contraste con el encanto de Chirac. En sus últimos años, cuando el expresidente sufría Alzheimer, su amigo François Pinault lo llevaba a vacacionar a Saint Tropez, donde Chirac mantenía su carisma, saludando y conquistando con su carácter alegre, pese a las protestas de Bernadette que quería protegerlo de la exposición pública.
Las reacciones ante el fallecimiento de la ex primera dama fueron unánimes desde la derecha hasta la izquierda. Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, afirmó que Bernadette “fue mucho más que una primera dama”, mientras que Xavier Bertrand, presidente de Hauts-de-France, destacó su “corazón, compromiso, lealtad y apego a su país”. Eric Ciotti expresó en las redes sociales que “Francia llora a una generosa primera dama”.
Por su parte, el expresidente socialista François Hollande, cercano a la familia Chirac, la describió como “una mujer íntegra y comprometida, directa cuando tenía algo que decir», y Olivier Faure, líder socialista, elogió su contribución a la lucha feminista al “hacerse un hueco en un siglo donde las mujeres eran vistas como extensiones de sus maridos”.
Bernadette Chirac no solo apoyó las batallas políticas de su esposo, sino que también protagonizó las propias, como presidenta de la campaña Monedas Amarillas y consejera general de Corrèze. Roselyn Bachelot, exministra, la definió como “extremadamente decidida y generosa”, “mordaz con los poderosos y amable con la gente común”.
El expresidente Nicolas Sarkozy también rindió homenaje a Bernadette en Instagram, destacando su lealtad, valentía, sentido del humor, fortaleza y cariño. La calificó como “una gran amiga que siempre me apoyó política y personalmente” y señaló que Francia perdió a una mujer que sirvió a su país con pasión y dignidad.
A lo largo de su vida, Bernadette Chirac manifestó sin filtros sus emociones, tanto sus sufrimientos como sus juicios rigurosos. Criticaba a políticos y allegados, incluído su marido, aunque siempre con cariño. Pese a su educación estricta y refinados modales, no disimulaba su aburrimiento o mal humor en eventos oficiales, y no dudaba en expresar sus reproches.
Bernadette disfrutaba de la vida social y cultural parisina, asistiendo a cenas en casa de los Rothschild o a estrenos de ópera, al mismo tiempo que mantenía una fe católica practicante y admiración por el Papa. A pesar de las caricaturas satíricas del programa “Les Guignols”, logró ganarse el respeto y cariño del pueblo francés, manteniendo un rol tradicional y de derecha incluso más marcado que el de su esposo hasta su fallecimiento.
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